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miércoles, 5 de marzo de 2014

Buenos Aires 2ª parte: de fútbol y comida

Pendiente tenía la segunda parte de esta crónica de una de las grandes ciudades (con énfasis en grande) de la primera fase del viaje. La fase que durante tres meses me llevó por la América del Sur y la América del Norte. No sería justo no dejar constancia de lo espectacular que es Buenos Aires y lo culturalmente activa, quizás más que nuestras ciudades en los últimos tiempos en los que abrimos McDonalds donde había librerías y que la cultura es enemiga de unos y utilizada por otros. Pero eso no quita la dejadez que se ve en muchas cosas, y que es un mal endémico en Argentina. Porque Buenos Aires podría ser mucho más de lo que es, pero como no soy gestor ni político pues me quejo y ya está. Con esta crónica acaba Argentina, y la próxima ya será la que tocaba, o sea que iremos al Salar de Uyuni.

 El famoso Obelisco de Buenos Aires al fondo

 La avenida más ancha del mundo, la 9 de julio

La 9 de julio con Obelisco al fondo

El tercer día de estancia en Buenos Aires tocaba andar, desde el hostel situado en pleno centro, a muy pocos metros del obelisco hasta el barrio de La Boca, conocido por sus inquietudes culturales y por ser la sede del prestigioso equipo de fútbol Boca Juniors. Para tal ocasión me calcé mi camiseta de fútbol de la selección española, por eso de que había ganado el mundial había que lucirla, y más que hacía calor. La primera parada en el camino fue en el Barrio de San Telmo y concretamente en el Mercado de San Telmo, milenario como marca la entrada. 

 Mercado de San Telmo

 Interior del mercado


Una vez salido de allí había que seguir e ir viendo, pasado un parque como poco a poco se iba haciendo más grande el mítico estadio de Boca, conocido como La Bombonera. Ya dentro decidí hacer un tour organizado explicado por uno de los empleados del club. Algo instructivo, sobre todo la parte en la que nos explicó que los hinchas más radicales están emplazados justo encima del vestuario visitante, para que con sus saltos y dado que el techo del vestuario está preparado para que se note, poner nerviosos al equipo contrario. Toda una muestra de fair play, o juego limpio, como prefieran. ¡Y están orgullosos de estas prácticas!. También destacaría la obsesión enfermiza con Maradona, que no digo que fuera mal jugador por supuesto, pero endiosarlo así no sé, me parece una locura.



Posando con El Pelusa



Acabada la visita, un par de fotos más y a comer, que ya tocaba. Y que mejor que un asado argentino, uno de los más importantes platos de la gastronomía argentina y absolutamente espectacular, para los que gusten de carne, claro. Si no, complicado lo tiene uno para degustarlo. Sin lugar a dudas, de lo mejor de Buenos Aires y si me apuran, de Argentina. Pero lo bueno se acaba y tocaba seguir en marcha y visitar el barrio de La Boca, propiamente dicho, con sus casas de colores, sus poesías en las paredes, sus dibujos de Maradona. Un lugar bonito, diferente, pero como siempre convertido en un lugar para sacar dinero, en este caso plata. Para volver, eso sí, tocaba coger (o tomar aquí) un autobús, para lo que tuvimos que ir hasta la estación puesto que los autobuses olo aceptan monedas, y aquí eso es más difícil conseguir que el qué un diputado haga algo productivo en el Congreso.




Pues sí, la bandera de Corea del Norte, y por más que quise, no pude encontrar la del Sur


Cita reivindicativa



Al día siguiente, a media tarde y para despedir Buenos Aires antes de partir al Festival de Cine de Mar del Plata, tocó visita a Puerto Madero. Lástima que una vez allí no pude ver la Reserva de Animales, pero solo se podía acceder mediante reserva, cosa que no sabía y ya era tarde. Una lástima pues tenía buena pinta. La verdad es que allí lo único que se puede hacer es pasear y sacar fotos, la mayoría de cosas que hay son edificios y la vegetación se puede ver, pero como digo no se podía acceder a probablemente lo mejor de la zona. Lástima que era un día que al final se tornó en feo por algo de frío y deslució la cena con el viento. Una cena por cierto en la que pude degustar por primera vez, y no última, otro de los platos típicos argentinos, el choripan, una auténtica delicia que si echo de menos, en uno de los múltiples chiringuitos del paseo.








viernes, 20 de diciembre de 2013

Buenos Aires 1ª parte: entre América y Europa




 


 

Celebrando que ayer llegué a Buenos Aires por cuarta vez en un mes y poco, vuelvo la vista hacia atrás y escribo mi post pendiente sobre la capital argentina. Curiosamente he entrado en la capital argentina por bus (2 veces), ferry (1 vez) y avión (otra más). Ahora pasaré una buena y larga temporada sin volver a pasarme por esa gran y caótica ciudad, como casi todas las capitales, al menos de un cierto tamaño e importancia. Pero antes de continuar nos pondremos en situación:




 

La primera vez que arribé a Buenos Aires fue de Asunción, en uno de esos típicos y ya agobiantes viajes de más de 20 horas en autobús, y que la falta de planificación tradujo en un gasto inútil por problemas que no vienen al caso y que mejor no recordar. Lo primero fue pasar la frontera de Paraguay a Argentina, y allí llegaba lo caótico ya que en el lado paraguayo nos obligaron a sacar todo el equipaje que teníamos y llevarlo a mano hasta pasar la "frontera". Una vez allí volverlo a poner todo en el autobús con un par de militares argentinos y sus metralletas y chalecos antibalas como máximo exponente. Surrealista y un tanto cómica la situación. De nuevo en el bus seguimos el viaje ya sin parar encontrando la que sería la estampa típica en los viajes terrestres por Argentina, muchas llanuras o pastos con animales campando a sus anchas y alguna población en medio, aunque en muchos tramos ni siquiera había luces en la carretera.




 

Por la mañana llegamos a la capital, tras pasar por delante del estadio de fútbol de River Plate, el llamado Monumental. Una vez en la estación de bus tocaba tomar el metro, llamado subte aquí, camino al hostel. La primera impresión al ver Buenos Aires es el carácter europeo de la ciudad en un modo estético, su arquitectura, o su aroma cultural, con teatros, cines y librerías por doquier. Tras hacer el check in y descansar un rato decidí ir a hacer una ruta cultural. Y así fue, llegando hasta la popular librería El Ateneo, inaugurado en 1919 y elegido por The Guardian como la segunda librería más hermosa del mundo. Y a fe que debe ser una de las más bonitas, con varias plantas en las que te puedes perder durante horas, y una cafetería en la que poder degustar una buena bebida y un buen libro. Allí pasé un buen rato aunque salí sin comprar nada, salvo unos encargos que me habían hecho desde España, y es que hay que controlarse en un viaje de esta índole. Luego tocó volver al albergue pero dando una pequeña vuelta que nos llevó al Congreso, un edificio espectacular donde se aloja esa especie difícil de catalogar; el político.